sábado, 6 de septiembre de 2008

Jarcias

Tú y yo nos amamos

en el centro del deseo;

allí donde la vida cuelga su equipaje

y los nombres del amor

miran al cielo.

 


Tú y yo hacemos caminos


fuera del destino


entre peregrinos sin posada


y en idiomas de tierras


ignoradas.


 


Tú y yo por la voluntad


de los dioses y la nuestra,


amarramos nuestros cuerpos


en el rastro del alba


y quebramos las leyes de la nada.


 


Tú y yo no pedimos permisos


para recitarnos infinitos,


ni para colorear el viento,


ni para colgar aventuras


en las ventanas del tiempo.


 


Sueños desarbolados


fotografía: niguez.com


 


martes, 13 de mayo de 2008

Carta de amor

         


          Llovía el olvido en los disturbios de mi alma y rezaba su letanía ahogando los gozos de otro tiempo. Sin embargo, decidido a flagelarme, pensaba continuamente que no debía pensarte. Consultaba los  libros prohibidos de la vida y te inventaba en cada personaje. Eras la utopía de la aciaga realidad, de la monotonía y sus costumbres. Tu ausencia me dolía. Y fue entonces cuando decidí escribirte para sentir, con fervor, el eclipse de tu respuesta. 






          Querida Silvina:     

     


          Con  estas letras falto a mi promesa. Pero la vida, en sus quehaceres, ha falsificado el testamento ¡Yo, que tan poco le pedía! 


    



          Son tantos los días o tal vez los meses. No lo sé. El tiempo ya no tiene horas, porque nada espero. Pero son tantos los instantes en que te echo de menos; que por ellos sé lo que te he amado.  

      



          El destino me tendrá que dar explicaciones. El todopoderoso alquimista: ¡el destino! con su ingeniería de poder, hace y deshace preludios, sinfonías, nocturnos y se reserva, astuto, los últimos acordes. 

        



          Desde que convertiste tu amor por mí en un obstáculo insalvable  me he conformado: negándote, negándome ¿Y por qué  he de negarme el regalo de tu existencia? Me pregunto. Y créeme, si te digo, que no encuentro respuesta. ¿Qué pecado he cometido? ¿Mirar a las estrellas y entre nube y nube recitar amaneceres? ¿Gritar tu nombre en las  esquinas de lo imposible? Pero enmudece el silencio y nadie me responde.    

    


          ¡Y tu cuerpo! ¡Siempre tan lejano a las caricias de mis manos! He imaginado nuestros deseos, y enredado en la pasión de tu sonrisa y de tu sexo: te he amado en un tangible e inmenso universo onírico ¡Te he amado tanto!






          Sin embargo, mi amor por ti no ha impedido que el frío mármol de la muerte se adentrara en las alcobas de la noche, sin que yo advirtiera el terror de tu no ser. Te escribo mezclando los tiempos de los verbos: presente y pasado; sin futuros. No existe gramática para hablar con las quimeras en los templos callados de los cementerios.






          Tu no ser, me ha llevado a la locura de no saberme vivo.







          En el absurdo de mis rutinas danzan los versos con músicas sin rostro. Y sigo amándote más allá de los preceptos de la muerte.  

       



          Amor mío, no respondas.  Deja que acaricie tu silencio. 

 


 


Carta de amor

Letras y Voces 2008

Editorial Nuevo Ser. Argentina

 


Cruzando hacia otros corazones

fotografía: niguez.com

domingo, 30 de marzo de 2008

Los tres sueños de la razón

Capítulo III: Latín, amor y naipes

 


RENÉ DESCARTES  SE ENCAMINÓ  HACIA POITIERS,  EN  EL VERANO DE 1614, POR  LOS SENDEROS QUE ESBOZAN EN EL ÁNIMO LOS BAJORRELIEVES INDESCIFRABLES  DE LA VIDA.  En la sala capitular, ahora reformada, le esperaban en animado diálogo su padrino y el Rector, que con gesto cordial le administró la bendición y le instó a que le  adelantara noticias sobre su inmediato quehacer; en modo alguno la formalización de los estudios jesuíticos tenía el significado de un alejamiento. Los alumnos habían sido adoctrinados para entregarse a ocupaciones destacadas en la historia de Francia, con la rúbrica de la Compañía de Jesús.  Tras declarar sus intereses en el campo de las Leyes, siguiendo la tradición familiar, con una excelente puesta en escena, añadió sin circunloquios que también le interesaban otras materias, como la geometría o la anatomía, por lo que no tenía definitivamente decidido cual sería su afán perpetuo. El Rector sabía de las peculiaridades de René, y adoptó una actitud de fingida  comprensión.  De  improviso,  le preguntó si aún seguía con esa idea insólita acerca de la duda. René no tosió, ni su palidez se tornó extrema; respondió respetuosamente que de ahí, de la duda como método de indagación, obtendríamos las ideas claras y distintas, aunque reconoció que tendría que afanarse más para perfeccionarlo como un nuevo sistema filosófico y científico. Invenciones de jóvenes, intervino el Señor Brochard; asintió el Rector, no sin sospecha. -Bien, espero que nos mantengas informados de tus descubrimientos, declaró. -Sabrán de mí, respondió René con ufana y misteriosa actitud. Tras las salutaciones al uso, se cerró la puerta del Colegio Real.  


 


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Cuando sueñan las rocas






fotografía: niguez.com


jueves, 31 de enero de 2008

Pensamientos de Teresa

                                                             Él agonizaba


amparado por los días ignorados de la vida,


disimulando el presagio sombrío de las tristezas,


meciéndose en la realidad de lo inmediato.


Yo lo miraba,


acallando el clamor del desorden,


enmudeciendo el arrebato de las lágrimas.


Me turbaba la ira


que sin pudor, calaba mis huesos


hasta la extenuación.


El mar, con la marea en desbandada


me insultaba dejándome a merced de la bruma,


impregnándome de hastío.


Aquel lugar atesoraba más tiempo que historia


asediado por espectros de esculturas ociosas,


saciadas de bacanales de belleza.


 


                                                             Él enmudeció


entre un sopor lejano de destinos sin luz.


Y tras él, todo aconteció con una prisa absurda


y quedó solo,


solo, junto a sus sabias elucidaciones.


Sentí orfandad.


El desdén embalsamado de la rutina


me entregó a delirios indescifrables.


Me confiné


en los frondosos bosques de la seducción,


embriagada por las evocaciones de su amor.


Mi alma palpitaba aletargada,


la ausencia se arrebujaba enojosa


entre las despedidas de los astros.


La legitimidad de cada sueño


por cobrar corporeidad,


era insaciable y codiciosa.


 


                                                              Él, el héroe, murió


era la muerte una obligación que le acechaba.


La había conjeturado lejana;


se presentó afectuosa y expedita.


Huí del espanto,


me abrigué entre los absurdos de los gozos más abruptos.


Las coincidencias: prodigios de osadías ajenas,


se proclamaban


en una cursiva de tintas emborronadas,


sobre pliegos de papel con olor a fatiga.


Las voces, espectrales, se confabularon.


Escucharlo en la memoria


era remontar la corriente en su peregrinar de albures,


arrebatando a la muerte sus hipócritas voluntades.


Ahora, se interrumpen los anhelos,


sin él las congojas se perfuman con soberbia,


y latiguea el estrépito de la barbarie,


en el puerto amarrada


junto a un velero inconsolable...


 


Presagios para una despedida


 


fotografía: niguez.com


 


 

miércoles, 2 de enero de 2008

Los tres sueños de la razón

Capítulo II: El pequeño filósofo

EN ANJOU, LOS INTERNOS FUERON LLAMADOS A CAPÍTULO POR EL RECTOR, quien con talante adusto les participó la siniestra noticia. En la Flèche, les declaró, estaba advertido de que moraría ab aeterno el corazón del Rey, una vez embalsamado y tras la celebración de las honras fúnebres en  París. Enrique IV había consignado una singular atención a la fundación de aquel colegio que llevaría su nombre, había vuelto a depositar la confianza en los jesuitas, tras el atentado frustrado contra su vida que Jean Chantel dijo haber efectuado inducido por ellos, por los profesores donde estudiaba leyes, en el Colegio de Clermont.


El desenlace del  ultraje alcanzó resultas ominosas: 37 jesuitas fueron apresados y el incidente  amparó el alegato para el destierro de la Compañía de Jesús en 1594.  No sería  hasta 1604 cuando se funda la Flèche y se restablece la orden en Francia. El Rey, por una evocación noble, resolvió donar su corazón a este lugar a fin de que fuera una enseña de magnanimidad, apropiándose de los principios de la teología del resurgimiento de Du Val, en donde el corazón se había convertido en la sede del conocimiento y del amor.



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Forjando amaneceres

fotografía: niguez.com

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Risa de uvas

Lo que eres me distrae de lo que dices


Pedro Salinas


 


He regresado de ti


y vuelvo a ti


               en bandadas de sueños.


 


Enlazando besos a las nubes


derramando infinitos


               vamos lloviéndonos.


 


Enhebrando huracanes


a las noches sin papel


               recitando te quieros.


 


Haz de mis días tormentas de besos


enloquece mi tiempo con tu


               risa de uvas y tus ojos de viento.


 


Hilo a hilo tejeremos delirios de versos


y nostalgias de lunas


               para seguir lloviéndonos.


 


Mirando


 


fotografía: niguez.com


 

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El archivo de los primeros besos


Aquellos días la sala de investigadores estaba tan concurrida que apenas podíamos permitirnos una mirada de complicidad con el exterior. Cuando por fin algún documento se revelaba significativo para nuestro trabajo nos tragábamos el optimismo para no importunarnos. El desánimo también hacía acto de presencia, cuando las horas transcurrían densas y oscuras entre legajos aciagos que se presentaban mudos.   




Javier y yo habíamos coincidido en otras épocas y en otros archivos. Siempre ocupados con la pasión del hallazgo o con la decepción de lo inexistente; jamás habíamos reparado en nosotros. Éramos como esos sabios despistados que se quedan colgados de una pasión absurda e inconcebible para el resto de los mortales. Hablábamos en nuestra jerga mientras tomábamos un café o el bocadillo del descanso antes de internarnos en los laberintos de la tarde. 


 


Cuando el viernes llegamos a la sala todos los pupitres estaban ocupados. El archivero, nos miró con un gesto aprendido a base de hacer de la incompetencia una norma.  




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Letras y besos


 


fotografía: niguez.com