Los adioses sin ciudad
son como las melancolías:
que aman lo que no poseen.
Una ciudad sin adioses
no tiene enamorados
ni tristezas, apenas tiene cielo.
Una ciudad sin cielo
no tiene luces
ni apagones, apenas tiene azules.
Una ciudad sin azules
no tiene corazón
ni historia, apenas es una ciudad.
Las ciudades sin adioses
no tienen despedidas
ni reencuentros, apenas tienen lluvia.
Una ciudad sin lluvia
no tiene arco iris
ni charcos, apenas tiene vida.
Una ciudad sin vida
es un muro de silencios
donde nadie se mira.
2 comentarios:
Curiosa forma de tranformar las turbulencias urbanas en inquietante belleza y reflexionada placidez. Estupendo. Besos.Tere
Querida Juana:
Llevo un buen rato leyendo y releyendo "Historia de una ciudad" tratando de averiguar en qué momento y situación te encontrarías cuando llevaste al papel e hiciste realidad este poema. También me pregunto por qué la ciudad singular desaparece dando paso a "las ciudades" para volver nuevamente a la singularidad con la que finaliza.
No, no te pido una respuesta. Sólo te agradezco que el poema me haya dejado soñar con mis ciudades.
Me quedo con la estrofa:
Una ciudad sin azules
no tiene corazón
ni historia, apenas es una ciudad.
Dejando al margen la poesía, tengo la suerte de vivir en una ciudad (Salamanca) con una luz mágica que resalta en la mañana los azules claros y se recrea por la tarde con rojos cálidos que se estrellan en complicidad con el oro de sus piedras. Es un auténtico placer pasear con la cámara al atardecer.
Si quieres dar un paseo por uno de estos atardeceres, pincha aquí.
De la fotografía que acompaña al poema no os puedo dar muchos detalles porque Juana me lo ha prohibido. Simplemente os diré que es un reflejo y está tomada el día 26 de agosto de 2006 a las 13:42. Ahora que cada uno vea lo que quiera.
Saludos a todos y en especial a los recién llegados.
Ñica, entiendo tu problemas con la "ñ" ¡Qué te vamos a contar los "Ñíguez"!
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