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miércoles, 5 de diciembre de 2007

El archivo de los primeros besos


Aquellos días la sala de investigadores estaba tan concurrida que apenas podíamos permitirnos una mirada de complicidad con el exterior. Cuando por fin algún documento se revelaba significativo para nuestro trabajo nos tragábamos el optimismo para no importunarnos. El desánimo también hacía acto de presencia, cuando las horas transcurrían densas y oscuras entre legajos aciagos que se presentaban mudos.   




Javier y yo habíamos coincidido en otras épocas y en otros archivos. Siempre ocupados con la pasión del hallazgo o con la decepción de lo inexistente; jamás habíamos reparado en nosotros. Éramos como esos sabios despistados que se quedan colgados de una pasión absurda e inconcebible para el resto de los mortales. Hablábamos en nuestra jerga mientras tomábamos un café o el bocadillo del descanso antes de internarnos en los laberintos de la tarde. 


 


Cuando el viernes llegamos a la sala todos los pupitres estaban ocupados. El archivero, nos miró con un gesto aprendido a base de hacer de la incompetencia una norma.  




 Leer el texto completo 

 


Letras y besos


 


fotografía: niguez.com


 

martes, 20 de noviembre de 2007

Curiosidad

             ¿El arte es un plagio

o una revolución?

 


          La revolución es una ironía


          el plagio una continuidad.


 


          La ironía es una intención


          la continuidad una culminación.


 


          La intención es ilegible


          la culminación lo creíble.


 


                    ¡El arte es el plagio de una ironía


                                 que hace de las intenciones


                                                  revoluciones!


 


Ironías de la Historia


fotografía: niguez.com


 

martes, 16 de octubre de 2007

Historia de una ciudad

 


Los adioses sin ciudad


          son como las melancolías:


                    que aman lo que no poseen.


 


Una ciudad sin adioses


           no tiene enamorados


                    ni tristezas, apenas tiene cielo.


 


Una ciudad sin cielo


          no tiene luces


                    ni apagones, apenas tiene azules.


 


Una ciudad sin azules


          no tiene corazón


                    ni historia, apenas es una ciudad.


 


Las ciudades sin adioses


          no tienen despedidas


                    ni reencuentros, apenas tienen lluvia.


 


Una ciudad sin lluvia


          no tiene arco iris


                    ni charcos, apenas tiene vida.


 


Una ciudad sin vida


          es un muro de silencios


                    donde nadie se mira.


 


Mirada de dos


fotografía: niguez.com


 

jueves, 27 de septiembre de 2007

La rutina

 


                                           Con el orden de cada día


                                           no hay peligros de rebeldía


                                           no hay azares prohibidos,


                                                              /no hay desánimos.


 


Se establece por decreto la alegría


nos reímos al son de los necios


y nos confundimos entre acordes


                                         /de monotonía.


 


Se inaugura la victoria de lo obtuso


nos procuramos alabanzas


y algarabías entre los escombros


                               /y los abusos.


 


                                         Con el orden de cada día


                                         no hay peligos de rebeldía


                                         no hay azares prohibidos,


                                                  /no hay desánimos


 


Establecido el precepto


           obedientes, vamos muriendo


                                sin saber quiénes somos y


                                                     sin miramientos.


 


Cautividad


fotografía: niguez.com


 


 

martes, 18 de septiembre de 2007

Los días

Los días son los arcanos

del movimiento.

Fabuladores, traidores,

como si acoplados

en el tiempo de un te quiero,

compusiesen tristezas

en el caminar de los quizás.

 


Los días son los sigilos


de la desnudez.


Delatores, quiméricos,


como si inventados


en los instantes de un adiós,


ofreciesen auroras


en el filo de las amarguras.


 


Los días son frágiles,


de un azul algodonado.


Despiertos, derramados,


como si aposentados


en las horas de un después


vertiesen topacios


en las sombras de Dios.


 


El trabajo del mar


 


fotografía: niguez.com