"Las horas de aquellos días se esfumaron entre insomnios rotos y silencios que destilaban desolación; se desvanecieron, erráticas, como dunas en un desierto sin nombre. Todo era impreciso. Ingrid permanecía inerte, con la mirada perdida, arrebujada entre voces y meciendo recuerdos. Apenas era capaz de reconstruir el rostro de aquel hombre. Se había propuesto un olvido inmisericorde. Por primera vez en su vidahabía tomado una decisión alejada de los sentimientos. Esas malditas e hiperbólicas emociones siempre le habían procurado sufrimiento"